No es lo mismo ser inteligente, que tomar decisiones inteligentes

No es lo mismo ser inteligente, que tomar decisiones inteligentes

El otro día estaba leyendo la historia de Chris Langan, considerado el hombre más inteligente del mundo. Su historia nos confirma 3 cosas:

1. La primera es que tu coeficiente intelectual no influye en tus probabilidades de tener éxito en la vida.

2. La segunda es que el entorno en el que naces y creces juega un papel importante en tus probabilidades de éxito en la vida.

3. Por último y como intento subrayar en cada una de mis publicaciones, la historia de Chris nos confirma que, en la ecuación del éxito, muy por encima de tu inteligencia y tu entorno, son tus decisiones las que hacen que tengas éxito o fracases en lo que te propongas.

Si no me crees, voy a tratar de convencerte a través de la sorprendente historia de Chris Langan y con un interesante estudio de Lewis Terman.

Chris Langan, el “genio fracasado”

Con estas palabras titulaban una entrevista que le realizaron a la madre de Chris Langan hace 20 años.

Durante la entrevista, su madre narra que, a los 6 meses Chris ya hablaba y a los 6 años, tras los exámenes del primer cuatrimestre, los profesores decidieron pasarle de 1º a 6º de primaria, saltándose 5 cursos completos en 1 año.

Chris nació en 1952 en la América de las oportunidades. Tuvo la mala suerte de nacer en el seno de una familia pobre, muy pobre, que tomó pésimas decisiones.

Para que te hagas una idea, veamos el CI de otros genios: Voltaire (190), Garry Kasparov (190), Isaac Newton (190), Descartes (185), Beethoven (165), Darwin (160), Mozart (165), Albert Einstein (160) o Stephen Hawking (160) o el propio Bill Gates (160)

Sin embargo, Langan, a diferencia de estos genios, nunca ha podido vivir de su inteligencia. ¿Por qué?

La importancia del entorno y la toma de decisiones

La madre de Chris Langan, Mary Langan-Hansen, fue abandonada por su padre biológico antes de que él naciera. Decidió casarse tres veces más y tuvo un hijo con cada nuevo marido.

Su segundo padrastro fue asesinado y el tercero se suicidó. Chris creció con el cuarto esposo de su madre, Jack Langan, un periodista en paro, que se pasaba el día bebiendo y les pegaba palizas con un látigo.

La familia de Chris Langan era extremadamente pobre, tanto que, ante la imposibilidad de pagar el alquiler, decidieron mudarse por un tiempo a un tipi, en una reserva india, cerca de Virginia City, Nevada.

Cuando Chris y sus hermanos comenzaron la primaria, sus padres decidieron mudarse de nuevo, sacándoles de la escuela. Creían que, siendo su hijo Chris tan inteligente, no necesitaba ir a clase.

Decisiones más poderosas que cualquier entorno

Chris decidió estudiar de forma autodidacta matemáticas, física, filosofía, latín y griego. Cuando tuvo la oportunidad decidió presentarse al test SAT (Examen de admisión a la Universidad en EE.UU.) y sacó la mejor nota posible.

Al ver sus notas le ofrecieron dos becas completas, una para Reed College en Oregon y la otra para la Universidad de Chicago. Chris, sin pensarlo demasiado, decidió ir a Reed College, la misma universidad a la que asistió Steve Jobs.

Finalmente, y tras perder la beca, debido a que su madre no envió a tiempo la documentación que se requería para su renovación, Chris decidió abandonar la Universidad de Reed para ponerse a trabajar como bombero del Servicio Forestal.

A los 8 meses de comenzar como bombero se arrepintió y abandonó ese trabajo para volver a inscribirse en una Universidad, en esta ocasión en la Estatal de Montana. En esta ocasión, al no tener trabajo y no querer compaginar estudios y empleo, su situación financiera le obligó a abandonar definitivamente su educación universitaria a los pocos meses.

A partir de ahí pasó por infinidad de trabajos temporales, de escasa cualificación y salarios precarios, como obrero, vaquero o guardabosques. Tras muchos tumbos y penurias, encontró trabajo como portero de un club en Long Island. Allí trabajó 20 años.

No es lo mismo ser inteligente, que tomar decisiones inteligentes

Es cierto que la madre de Chris cometió un error al olvidarse de enviar los papeles de renovación de su beca a tiempo, pero también lo es, al preguntar al cuerpo docente de la Universidad de Reed, conocida por su carácter progresista y su apoyo, a través de programas de becas, a estudiantes con pocos recursos, que no consta registro alguno de solicitud por parte de Chris, de una revisión de su expediente.

Al ser preguntado por algunos periodistas a ese respecto, siempre responde lo mismo.

«Elegí Reed por prestigio, pero fue un grave error, ya que aquel lugar estaba abarrotado de niños pijos, que se pasaban el día fumando maría y que en nada se parecían a mí. Quizás podría haber recuperado mi beca de haberlo pedido, pero no lo hice. Decidí que era el momento de marcharme de allí.»

Hoy, a sus 69 años, mucha gente se pregunta… ¿Cómo puede el hombre más inteligente del planeta acabar en esta situación?

Lewis Terman y la falacia de la inteligencia

Para terminar de convencerte de lo poco que influye nuestro coeficiente intelectual en nuestro éxito, déjame hablarte brevemente de Lewis Terman y sus estudios acerca de la inteligencia humana.

Convencido de que podía seleccionar a los niños que se convertirían en los próximos líderes de los EE.UU. Lewis Terman tomo a 250.000 niños en California y les hizo un test de IQ. De esos 250.000 seleccionó a los 250 mejores. Estudió al 1% con coeficiente intelectual superior a 140, durante 25 años.

Para su sorpresa y tras los primeros 20 años de estudio, los datos indicaban que tan sólo un 15% de sus “genios” había destacado por encima de la media nacional en términos de posición e ingresos.

Un 65% se encontraban en la media y un 20% llevaban una vida tan miserable como la de Chris Langan.

En vista de los resultados, Terman decidió admitir públicamente el fracaso de su teoría.

El entorno suma, pero no lo es todo. 

El trabajo de Terman nos muestra además que, la mayoría de los jóvenes que formaban parte del 65% de “Genios” que no superaron al ciudadano medio, venían de familias adineradas que les habían pagado buenas universidades. Por tanto, contaban con la inteligencia y, además, habían tenido acceso a entornos favorables.

La pregunta que nos surge es:

¿Por qué, si tantos de esos chicos contaban, no solo con la inteligencia, sino también con el entorno, no superaron en éxito profesional o económico a sus conciudadanos menos inteligentes o de entornos menos favorables?

La respuesta es que, por muy inteligente que seas y por muy favorable que sea tu entorno, como dice aquella famosa frase:

“A quién quiere aprender, nadie le puede parar y a quién no quiere aprender, nadie le podrá ayudar”

Conclusiones

Tu coeficiente intelectual no determina tus probabilidades de tener éxito en la vida.

El entorno es importante para practicar y desarrollar nuestro talento. Cuanto más favorable el entorno, más probable que podamos tener éxito, pero siendo esto cierto, la verdadera clave del éxito radica en nuestras decisiones. En qué decidimos hacer con las oportunidades que se nos presentan. En nuestra perseverancia y convencimiento.

Chris Langan, viniendo de una familia pobre y sin recursos, en un país donde estudiar es un lujo, logró un acceso a la universidad, pero, a partir de ahí, comenzó a tomar decisiones erráticas y completamente irracionales. Sus pésimas decisiones, ya de adulto, le llevaron a donde hoy se encuentra.

Lo mismo ocurre con los 250 participantes en el estudio de Terman.

Reflexiones

Elegir entre estudiar o salir, entre pasarnos el día en las redes sociales o viendo series, o dedicar buena parte de ese tiempo a seguir aprendiendo. Entre comprarnos un móvil de 1.000€ o invertir 1.000€ en nuestra formación. Elegir entre ir de vacaciones a Ibiza, o a un campus de verano. Elegir entre continuar en la Universidad, como sea, o desistir al primer contratiempo.

A veces, ya de adultos, nos resistimos a mirar atrás y reflexionar acerca de esas decisiones que claramente fueron un error y nos llevaron a un lugar peor que aquel en el que estábamos. Nos ha pasado a todos, pero muy pocas personas tienen la madurez de reconocer sus errores. Muy pocos saben racionalizar y gestionar esos errores, convirtiéndolos en aprendizaje. Resulta más fácil culpar al «Entorno» o a la «Mala suerte»

Hace un par de días un buen amigo, me contaba…

«Madre mía, a veces lo pienso y digo, cómo pude ser tan imbécil con 25 años. ¡Trabajaba en una empresa fantástica, especialmente comparándola con las empresas en las que he trabajado después… y un día, me crucé con el jefe por una tontería y decidí pedir el finiquito y marcharme, convencido de que ellos se lo perdían… que no encontrarían a otro como yo… si supieras las veces que me he arrepentido de aquello!… pero claro, a lo hecho, pecho!»

No es lo mismo ser inteligente, que tomar decisiones inteligentes

La vida nos ofrece muchas oportunidades que, a veces, por motivos emocionales decidimos rechazar. Antes esa circunstancia, podemos quejarnos y victimizarnos, tratando de culpar al mundo de nuestras desgracias, o reconocer nuestros errores y aprender de ellos.

Más allá de nuestra inteligencia y del entorno, son nuestras elecciones las que determinan nuestras probabilidades de éxito, por eso es tan importante conocer y aplicar diferentes modelos de toma de decisión antes de tomar decisiones importantes, en el plano personal o profesional.

En cualquier caso, si has cometido errores, no te agobies, nunca es tarde para aprender a tomar buenas decisiones. Nuestro próximo programa en toma de decisiones comienza a primeros de Octubre. 😉

¡Hora de reflexionar!

¿Quieres saber más de nuestros programas de formación en modelos de toma de decisión y cómo te pueden ayudar a tomar mejores decisiones? Me puedes contactar en jordi@entrespuntos.com

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