La razón por la que nos vamos a extinguir

La razón por la que nos vamos a extinguir

Vivimos una época en la que se están alcanzando niveles tecnológicos nunca vistos. Softwares increíbles, sensores que miden cualquier cosa. Ordenadores con unas capacidades de procesamiento que han superado cualquier expectativa imaginable. Máquinas que se comunican entre ellas y que simplifican y mejoran los procesos productivos, y aplicaciones informáticas para casi todo.

Es la revolución 4.0. Los avances se suceden de forma exponencial y la Inteligencia Artificial está cambiando nuestra forma de trabajar y de vivir. Dicen que las nuevas tecnologías permitirán automatizar de forma eficiente todo tipo de procesos y el funcionamiento de las empresas dependerá de la interacción entre seres humanos y máquinas a través de actividades híbridas.

Sin embargo, no se acaban de entender los motivos que hacen que en medio del alud tecnológico que estamos viviendo, no crezca la productividad, que a pesar de la globalización existan cada vez más desigualdades y no consigamos solucionar problemas realmente importantes.

Vivimos en medio de crisis económicas recurrentes, guerras permanentes por los recursos, información global falsa, desastres ecológicos, enfermedades y epidemias mundiales.

Hace muy poco se ha enviado la nave espacial PERSEVERANCE a Marte. Es curioso que seamos capaces de conseguir desplazarnos a otro planeta mientras que no hemos sido capaces de conservar el planeta en que vivimos. 

Lo que demuestra que poseemos una gran inteligencia lógica para crear tecnología, pero ¿dónde está la inteligencia para encauzarla? ¿dónde está el famoso sentido común para asimilarla y ponerla al servicio de las necesidades humanas?

¿Estamos solucionando problemas o estamos creando más?

En este preciso momento tres grandes peligros acechan al ser humano: Una pandemia mundial, el enfrentamiento nuclear y el cambio climático.

Tres escenarios que por sí solos pueden acabar con la humanidad. 

Y es muy legítimo preguntarse, ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

¿Lo hemos hecho conscientemente? ¿Sabíamos lo que arriesgábamos cuando poníamos en riesgo nuestro planeta, solo para buscar comodidades y una vida material más fácil? 

Y creo que la respuesta es NO. Y seguimos sin saberlo.

Los especialistas digitales ya ni siquiera llegan a tener conocimiento de las continuas innovaciones en su campo y el resto de la sociedad no conoce, ni asimila, ni imagina los cambios que se producen permanentemente y que nos han sacado completamente de nuestro contexto.

Vivimos de forma automática y reactiva, inmersos en unas dinámicas existenciales de las cuales hemos olvidado los objetivos y desconocemos las consecuencias.

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En las empresas nos ocurre algo parecido. Diseñamos estrategias y hablamos de innovación, de la revolución digital, de aprendizaje permanente, -ahora también de desaprendizaje- de valores, de la importancia de las personas, de empoderamiento. Y somos capaces de crear y definir cualquier teoría que se nos pase por la cabeza. 

Con los Sistemas Agile no hemos hecho más que oficializar, metodizar y convertir en deseable lo que siempre se ha llamado “ir con la lengua fuera” o también “correr como pollos sin cabeza”. Como en el mundo de la moda, cada temporada sacamos modelos y conceptos nuevos. (Por suerte, la mayoría de las veces solo le cambiamos el nombre). 

Pero a pesar de que nos resulta muy fácil entenderlos, por otro lado, desarrollarlos y llevarlos a la práctica no lo es tanto. Siempre sucede algo con lo que no contábamos, o dejamos de hacer algo que deberíamos haber hecho.

La importancia de la sabiduría a la hora de tomar decisiones

Vivimos en un mundo donde abunda la información, pero nos enfrentamos a una creciente escasez de sabiduría. Y lo que es peor, confundimos la una con la otra. 

En la actualidad ya no somos capaces de absorber ni una milésima parte de la información que recibimos diariamente. No retenemos casi nada y muchísimo menos lo utilizamos después de forma real para una mejora en nuestra vida.

Tenemos ideas, conocimientos y por lo general recursos tecnológicos y financieros. Somos muy eficientes diseñando, pensando estrategia y bastante mediocres ejecutándola. 

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¿Dónde fallamos? ¿Y por qué nos equivocamos tanto?

Me permito traer a la memoria un ejemplo demoledor, ocurrido en noviembre de 2020, cuando el satélite SEOSAT-Ingenio, fue lanzado a bordo de un cohete Vega desde Kourou, en la Guayana Francesa. El cohete, sin embargo, se desvió de su trayectoria ocho minutos después de despegar, provocando la pérdida de la misión.

La empresa Arianespace y la ESA anunciaron una comisión de investigación para investigar esos «errores de integración» del cohete que malograron la misión. Y que proporcionarían pruebas detalladas «para explicar por qué no se tomaron medidas para identificar y corregir el error».

Lo que supone que la planificación y la estrategia van por un camino y las actitudes y los hechos reales por otro.

Podemos concluir que hay realmente un “agujero negro” en nuestra forma de actuar.

A pesar de nuestros inmensos avances, no somos perfectos en absoluto. Y precisamente lo que nos ha llevado a la supervivencia, que es la sensación de autoconfianza y control, y la capacidad de “vernos” en escenarios imaginados, imprescindibles para acometer proyectos, nos lleva también a una visión egocéntrica del mundo que nos hace sentir infalibles, pero que a su vez nos hace vivir en el autoengaño.

Sabemos fehacientemente que el error humano puede considerarse el principal factor causal de los errores y accidentes en las empresas. Sin embargo, como podemos comprobar diariamente, la sensación general es que las personas toman decisiones y actúan sin reflexionar acerca de sus errores.

Sabemos con toda seguridad que una parte de nuestro sistema operativo fracasa a menudo y de manera impredecible y obliga a las personas a inventar maniobras para evitar sus defectos. Y lo más importante es que está demostrando ser incompatible con muchos aspectos del mundo empresarial actual.

A veces suceden auténticos desastres, pero nadie tiene el genuino convencimiento interno de que se ha equivocado. Preferimos dar por buena la película que hemos creado y culpar a las circunstancias externas que son las que invariablemente traicionan nuestro plan.

La razón por la que nos vamos a extinguir

El problema no es tanto el progreso de la ciencia y de las nuevas tecnologías -solucionando problemas y creando otros- sino su forma de desarrollarse, la falta de propósito global y de visión humanística.

De manera, que de forma popular lo podríamos resumir diciendo “que no tenemos ni idea de lo que nos llevamos entre manos”.

Se dice que el futuro de la Humanidad depende del control sobre la Inteligencia Artificial, pero creo que será algo difícil de conseguir si antes no podemos tener control sobre la inteligencia propia y comprender mínimamente nuestra manera irracional de funcionar.

Artículo firmado por Miquel Segura

Colaborador Liderazgo Ético


Reflexiones

Si seguimos tomando decisiones basadas en un único criterio, la rentabilidad económica en el corto plazo, vamos a terminar por dar la razón al agente Smith de Matrix, cuando afirmó en aquella tremenda escena «La especie humana es un virus para el planeta».

Es aquí donde la ética se torna absolutamente crítica. La incorporación de la moral y la sabiduría que proporciona la revisión del impacto de nuestras conductas pasadas. La capacidad de aprender de nuestros errores y mejorar nuestros procesos de toma de decisiones.

Al final vamos a darle la razón, convirtiéndonos en la causa de nuestra extinción.

¿Por qué nos cuesta tanto mirarnos el ombligo? ¿Por qué nos cuesta tanto asumir nuestros errores?

La tecnología no aporta valor «per se», son nuestras decisiones acerca de su uso las que lo hacen. Si seguimos sin revisar y asumir nuestros errores. Si no incorporamos sólidos criterios éticos a nuestros procesos de toma de decisiones…. acabaremos por extinguirnos… más pronto que tarde.

!Hora de reflexionar!

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