Que por tu mente pasen pensamientos, no significa que sepas pensar.

Que por tu mente pasen pensamientos, no significa que sepas pensar.

Quizás no te hayas parado a pensarlo… pero el hecho de que por tu mente pasen pensamientos, no significa que sepas pensar.

La mente funciona en modo automático la mayoría del tiempo. Se estima que producimos más de 40 pensamientos por minuto y la mayoría de ellos, aparecen y desaparecen sin que sepamos explicar muy bien de donde han venido, ni por qué han aparecido ahí.

Durante buena parte del día ni siquiera sabemos qué estamos pensando… mucho menos entendemos por qué aparecen los pensamientos, como por ciencia infusa, en nuestra cabeza.

¡Haz la prueba!

Deja tu mente ir por 1 minuto… Intenta no pensar en qué estás pensando.

Noooo… No sigas leyendo. Intenta pensar durante tan solo un minuto en qué estás pensando. Vamos! Solo 1 minuto.

Ahora detén tu mente e intenta recordar qué pensamientos has tenido durante el último minuto. Intenta escribir en un papel el orden de pensamientos y de donde ha venido cada uno de ellos…

¿Qué tal? ¿Cómo te ha ido?

Lo que acaba de ocurrir es que te has puesto al volante por un minuto… para muchos, este ejercicio representa un tremendo esfuerzo en términos de consumo de energía. Si lo prolongas durante varios minutos, notarás el esfuerzo.

Pensar de forma racional requiere un enorme esfuerzo energético. Esa es una de las principales razones por las que, la mayoría del tiempo operamos en modo automático y tomamos decisiones de forma emocional.

Una fábrica de pensamientos 24/7/365

No reparamos en ello, pero nuestra mente está continuamente produciendo pensamientos acerca de otras personas, de lugares, o cualquier cosa, sin una razón concreta que explique por qué cada uno de esos pensamientos aparece en nuestra mente, de forma instantánea. Es un flujo constante, que nunca para, 24/7/365.

Estamos hablando con alguien y… de repente, nos acordamos de que no hemos comprado la comida del perro, lo siguiente que nos viene a la cabeza es el imbécil que nos ha cerrado con el coche esta mañana que, por cierto, se parecía al calvo de la película que vimos ayer por la noche… nadie sabe que viene después.

Si te detienes a pensar en tus pensamientos, verás que eres incapaz de controlarlos. Cuanto más lo intentas, más difícil se vuelve.

Además, cuando lo intentas, suelen ocurrir 2 cosas:

1. Que, de repente, los pensamientos se esconden y te resulta muy complicado saber qué estás pensando.

2. Que comienzas a pensar y, mientras estás identificando el primer pensamiento, otro nuevo ya ha invadido tu mente y el anterior se desvanece, así sin más.

Pues bien, toda esa cantidad de pensamientos no significa “pensar”.

«El cinco por ciento de la gente piensa; el diez por ciento de las personas piensan que piensan; y el otro ochenta y cinco por ciento preferiría morir antes que pensar «. Thomas Edison.

Que por tu mente pasen pensamientos, no significa que sepas pensar.

¡Cuando nos quejamos de algo, no estamos pensando!

¿Por qué digo esto?

Porque, aunque tampoco hayas reparado en ello, la ciencia ha demostrado que nuestro cerebro es incapaz de pensar de forma racional y al mismo tiempo estar quejándose.

Por tanto, mientras te quejas, no estás siendo racional y, mientras no piensas de forma racional en la solución, tú mismo estás alargando la resolución del problema.

Por tanto, si lo piensas, la solución a todos tus problemas pasa por, quejarse menos y pensar, mucho más, de forma racional.

Que no te gusta tu trabajo, piensa qué puedes hacer para encontrar otro que te guste más, o por qué has acabado en ese trabajo que tanto detestas, trabajando para alguien que no aguantas.

Te pagan poco… pues piensa en cómo podrías ganar más o por qué no pediste más dinero cuando aceptaste la oferta.

Si quieres comprarte una casa, piensa qué podrías hacer para conseguirlo.

Si no te gusta tu país, tu gobierno, tus vecinos o mis artículos en Linkedin, piensa en qué puedes hacer para cambiarlo. Ponte a pensar en qué puedes hacer para mejorarlo y deja de quejarte.

Quejándote no vas a solucionar tus problemas, en cambio, si te pones a pensar, igual encuentras una solución. ¿Quién sabe? A veces la vida nos da sorpresas.

La importancia de pensar…

Lo que piensas y la frecuencia con la que lo piensas, tiene un impacto crítico en tu calidad de vida.

Tu forma de pensar tiene un impacto directo en todos los aspectos de tu vida, tanto a nivel profesional, como personal, social y espiritual. Tu estado de ánimo está directamente ligado a tus pensamientos.

Por supuesto que, un día malo lo tiene cualquiera. Una bronca con tu jefa, una discusión con un compañero, un descuerdo con tu pareja, una tensión con tus hijos, un encontronazo con un vecino… eso pasa de vez en cuando. El problema es cuando se convierte en rutina.

El problema es cuando criticar, despotricar, quejarte, victimizarte y pelearte con el mundo se convierte en tu modo de vida. Cuando tu actitud es, per se, negativa. Cuando eres incapaz de ver nada positivo en tu vida. Cuando de cada 3 palabras, 4 son lamentos.

… y de hacerlo en positivo.

Si acostumbras a tu cerebro a pensar en negativo, todo lo que le llegue del exterior, sea lo que sea, le parecerá una amenaza, un peligro, un martirio. Estarás convirtiendo tu realidad en un conflicto entre «amigos» y «enemigos».

Además, el pensamiento negativo recurrente se acaba convirtiendo en “sesgo de confirmación o de profecía autocumplida”. Es decir, cuanto más negativo estás, más cosas negativas ocurrirán en «tu realidad».

Sin embargo, cuando acostumbramos a nuestro cerebro a pensar de forma racional y tratar de explotar los datos en positivo, se producen múltiples beneficios en diferentes sentidos.

El cerebro se puede entrenar y al gozar de plasticidad, nunca es tarde para transformar nuestra manera de pensar.

Pensar en positivo nos ayuda a:

Mejorar nuestra autoestima:

Pensar en positivo comienza por pensar mejor de nosotros mismos y nuestras probabilidades de alcanzar lo que nos propongamos. Para que el mundo cambie a mejor, debemos comenzar por cambiar nosotros mismos a mejor.

“Cuanto mejor nos sintamos con nosotros mismos, cuanta más confianza tengamos en nuestras probabilidades, menos problemas y de menor tamaño encontraremos en nuestro camino”

Todo el mundo tiene problemas, la diferencia es que, quién piensa en negativo, ve sus problemas más grandes de lo que en muchas ocasiones son. Sin embargo, aquellos que piensan en positivo, ven los problemas más pequeños de lo que son, lo que les permite enfocarse con más facilidad en la solución.

Mejorar la relación con los demás:

Los pensamientos positivos generan una actitud positiva, que se refleja en una mejora de las relaciones con nuestro entorno. Si vemos la vida con optimismo, contagiamos a los demás de ese entusiasmo.

“A la gente le gusta rodearse de gente optimista, no de gente que se pasa el día quejándose. ¿A quién le gusta estar rodeado de vampiros que te chupan la energía con su negatividad?”

Tanto el optimismo, como la negatividad son contagiosas. Si quieres mantenerte optimista, debes mantenerte lejos de la gente pesimista.

Mejorar nuestra felicidad:

La mejora en las relaciones con nuestros seres queridos, nuestros amigos, compañeros, conocidos y la construcción de nuevas relaciones, favorecen la segregación de neurotransmisores como la oxitocina y la serotonina, responsables de los sentimientos afectivos y nuestra estabilidad emocional, respectivamente.

Mejorar la salud física y mental:

Pensar en positivo reduce el estrés y con ello, reducimos la generación de cortisol. El pensamiento positivo también fortalece el sistema inmune, aleja la depresión y mantiene controlada la ansiedad.

El estrés mata y no lo digo yo, lo dicen muchos estudios.

“Las personas con altos niveles de ansiedad envejecen diez años más que el resto. Las preocupaciones nos hacen más débiles”

Conclusión

No estamos hablando de ponernos a abrazar árboles, ni pretender vivir en “el país de las maravillas”, el mensaje es sencillo y lo que subraya son 5 cuestiones muy simples:

1. Que por tu cabeza pasen miles de pensamientos al día, no significa que estés utilizando tu capacidad de pensar de forma racional.

2. Pensar de forma racional implica evaluar los problemas reales, en base a cifras y datos, para, con ese análisis ponernos a pensar en cómo solucionarlos.

3. Mientras estás quejándote no estás pensando de forma racional. No es posible hacer las 2 cosas a la vez.

4. Pensar de forma racional propicia el pensamiento positivo, ya que, al apartar nuestras emociones del análisis, la mayoría de las ocasiones reducimos la dimensión del problema.

5. Pensar en positivo mejora nuestra calidad de vida en todos los sentidos, desde la calidad de nuestras relaciones, hasta nuestra salud física y mental y con ellas, nuestra felicidad.

Así que, como ves, no es una cuestión de tener cerebro y que este genere pensamientos. Eso lo hacen todos los cerebros del mundo sin mucho esfuerzo.

Lo que requiere esfuerzo y responsabilidad es ponerse al volante de tu mente. Lo que requiere esfuerzo y responsabilidad es pensar. Y para hacerlo en positivo se requiere además inteligencia.

Como dice el manual del buen estoico, practica cada día la dicotomía del control, que consiste en ser conscientes de que, algunas cosas están bajo nuestro control y otras no lo están.

En lugar de pasarnos el día quejándonos, nos irá mejor si nos centramos en mejorar aquello que podemos mejorar. Aquello que depende de nosotros, de nuestros pensamientos y como resultado, de nuestras decisiones.

¡Hora de reflexionar!

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