Enseñando a tu cerebro a deliberar

Enseñando a tu cerebro a deliberar

Deliberar es un verbo interesante, que, en mi opinión, usamos poco y practicamos menos.

Su significado, según el diccionario, es el siguiente:

«Deliberar, como verbo intransitivo, es el acto de reflexionar antes de tomar una decisión, considerando detenidamente los pros y los contras o los motivos por los que se toma.»

«Como verbo transitivo, es tomar una decisión después de un detenido análisis de los pros y los contras.

Deliberar requiere un esfuerzo extra

Nuestro cerebro está programado para ahorrar energía, con el fin de priorizar la supervivencia, por lo que, a la hora de tomar decisiones, prefiere automatizar todos los procesos posibles.

La principal razón por la que lo prefiere es que, en términos energéticos, el pensamiento automático, también llamado hábito, resulta más eficiente. Detenernos a deliberar exige romper esa automatización, para comenzar a explorar conexiones neuronales no definidas, lo que supone un consumo de energía elevado.

Para automatizar el mayor número de decisiones, nuestro cerebro sigue, desde hace millones de años, un proceso que, hoy no está muy bien visto, que se llama «estereotipado» o «etiquetaje».

Cada vez que el cerebro se reencuentra con un elemento conocido, busca la etiqueta que previamente ha puesto a esa cosa, animal o persona, para definir, en millonésimas de segundo, como actuar con respecto a ese elemento.

El proceso de «estereotipado»

El proceso es sencillo y muy primitivo y, para simplificarlo, sigue un criterio dual: bueno o malo, comida o amenaza, quedarme o correr.

La creación de etiquetas se realiza en base a 4 criterios interrelacionados.

1. Intuición: habilidad inconsciente que nos ayuda a identificar peligros sin necesidad de la razón.

2. Educación: información transmitida por nuestro entorno acerca de ese «tipo» de objeto, animal o persona.

3. Percepción cognitiva: la manera en la que nuestro cerebro interpreta la información que recibe del exterior.

4. Experiencia: lo qué hemos experimentado antes en nuestra interacción con objetos, animales o personal similares.

Por eso vivimos en un mundo dual, creado por nuestros cerebros. Unos cerebros diseñados para trabajar de manera eficiente y en modo «ECO» tanto tiempo como sea posible.

De ahí también que, a la hora de gobernarnos, nuestros líderes opten por la creación de disyuntivas sencillas, basadas en esa constante dualidad, material y espiritual.

Seguro que alguna vez has oído la frase «la verdad es que parece que la mayoría de gente no piensa, cómo han podido… votar a…»

Pues lo han hecho porque, nuestros cerebros, han sido educados y modelados durante siglos, para resolver cualquier dicotomía en modo automático: A o B, Rojo o Azul, Derecha o Izquierda, amigo o enemigo…

Nuestros cerebros han sido educados para evitar deliberar. Todos estereotipamos, por mucho que hoy en día nos parezca intolerable… lo hacemos por una razón antropológica de peso… la supervivencia.

Enseñando a tu cerebro a deliberar

Pensar y más concretamente deliberar, es, por tanto, una actividad mental no rutinaria, que requiere de gran esfuerzo para el cerebro, especialmente, si no lo entrenamos para ello.

Por ello es tan importante que entrenemos los cerebros de aquellos líderes y profesionales responsables de tomar decisiones críticas para el bienestar y la sostenibilidad del conjunto de la sociedad, en el proceso de deliberación moral.

Resulta clave dotarles de herramientas y métodos que, especialmente en los casos donde es observable y exigible una moral y conducta ética intachable, como es el campo de la política, la educación o la salud y los cuidados, les haga la vida más fácil a la hora de tomar decisiones críticas.

En este sentido, quiero compartir con todos vosotros un método que me parece especialmente útil y que lleva utilizándose algunos años en el mundo de la salud y los cuidados.

Se trata del modelo deliberativo de Diego Gracia, que descubrí gracias a Inmaculada Asensio. Con Inma estuve charlando recientemente acerca de la importancia de formar en liderazgo ético a líderes políticos y responsables de entidades dedicadas al servicio público.

¿Qué es el modelo deliberativo?

El modelo o método deliberativo de Diego Gracia es un método adoptado ampliamente por el sector médico y de los cuidados en España, por el que, a través de un proceso de deliberación moral, se trata de tomar la decisión más beneficiosa para el paciente en todo momento.

El método consta de 3 partes:

1.El análisis de los hechos

2. El análisis de los valores

3. El análisis de los deberes

A través de un proceso de sencilla implantación, el equipo médico al cargo del caso recorre los siguientes pasos:

1. Revisión del caso

2. Discusión de los aspectos médicos

3. Identificación de problemas morales

4. Elección del problema moral a discutir

5. Identificación de los cursos de acción posibles

6. Deliberación del curso de acción óptimo

7. Decisión final

8. Argumentos a favor y en contra

Lo que me parece más sugerente de este modelo y lo convierte en altamente recomendable para su exportación a otros ámbitos, como el empresarial, es que, en la parte final del proceso, se somete al profesional o equipo que ha tomado la decisión final a una reflexión de «publicidad»

Justificar tu decisión en público

Dar publicidad significa que, aquellos que toman la decisión siguiendo este modelo, deben reflexionar acerca de cómo argumentarían la decisión si tuviesen que explicarla en público y cómo se sentirían al respecto. Es decir, cuál es la moral aplicada a esa decisión.

Conclusiones:

Lo primero que cabe enfatizar es que, el cerebro humano no está diseñado, en su origen, para deliberar. Pensar es un proceso que el cerebro intenta evitar, ya que consume energía que podría necesitar para escapar de un predador.

Desde que no hay predadores por encima del hombre, tenemos mucho tiempo para pensar, aunque seguimos teniendo el mismo cerebro, que no está entrenado para ello.

Es cierto que la mayoría de las decisiones que tomamos en el día a día, no requieren de reflexión o deliberación alguna, por eso nuestro cerebro se vuelve «cómodo» y funciona casi en piloto automático.

Aunque la mayoría de la población no tiene responsabilidades críticas que puedan poner en riesgo las vidas de otros, o comprometer nuestra sostenibilidad y supervivencia, deberíamos preocuparnos más por educar y entrenar los cerebros de aquellos que sí tienen esas responsabilidades y capacidad de influir sobre la vida de otras personas, ya sean médicos, educadores, cuidadores, policías, jueces o políticos.

Formar a aquell@s que tienen autoridad y responsabilidad sobre nuestra calidad de vida y bienestar general, debería ser la primera prioridad de cualquier sociedad.

La formación en deliberación moral debería ser el primer requisito para acceder a esas posiciones. ¿No crees?

¿Qué opinas?

Te leo en los comentarios.

Un saludo

Jordi Alemany

Liderazgo Ético

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4 comentarios en «Enseñando a tu cerebro a deliberar»

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